El origen de los rayos cósmicos se estudia en el observatorio más grande del mundo, que está en la Argentina
En una tarea titánica, científicos e ingenieros del Proyecto Pierre Auger completaron la primera etapa de instalación de nuevos detectores del mayor observatorio de rayos cósmicos del mundo, ubicado en el sur de Mendoza, y que capta el flujo incesante de partículas que viajan a una velocidad cercana a la de la luz durante millones de años.
Parece ciencia ficción, pero Diego Maradona, el barrilete cósmico, “ataja” rayos cósmicos en un terreno algo anegadizo del sur de Mendoza, en las afueras de Malargüe. También lo hacen Charly García, Spinetta, John Lennon, Niels Bohr, Planck, Matrix, Manucho, Disneyland, Las Leñas, Balseiro, James Cronin, Zeus, Marisol y el resto de los 1.600 tanques o detectores que cubren una geografía que equivale a 16 veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires, cada uno con un nombre informal que los identifica (muchos de ellos, votados por la propia comunidad) y que pueden leerse en un gran plano en las instalaciones centrales del Observatorio de Rayos Cósmicos Pierre Auger, el más extenso del mundo.
Los rayos cósmicos son enigmáticas partículas que llegan a la Tierra desde el espacio exterior en todas las direcciones. Unas diez mil partículas bombardean por segundo cada metro cuadrado de las capas superiores de la atmósfera, pero una fracción más pequeña, de alta energía, impacta con una frecuencia mucho menor, en el orden de una partícula por kilómetro cuadrado por año. Y otros aún más codiciados por los científicos, los de ultra alta energía, pueden caer en esa unidad de superficie apenas entre una y cuatro veces en un siglo.
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